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Puntos Importantes

"PRINCIPIOS DE UNA POLÍTICA MIGRATORIA PARA EL FORTALECIMIENTO Y EXPANSIÓN DE LA CLASE MEDIA ESTADOUNIDENSE"

        El status quo en políticas migratorias es inaceptable para la clase media: las políticas vigentes no responden a las necesidades económicas de la nación. Las propuestas de aplicar las leyes inmigratorias vigentes con mayor rigurosidad desconocen nuestra dependencia económica de los inmigrantes. Mientras tanto, el status quo implica la explotación de trabajadores indocumentados, lo que amenaza tanto a la clase media establecida como a la aspirante. 

 

        La clase media se beneficia tanto del aporte de los inmigrantes que trabajan así como de aquellos que son empresarios, contribuyentes de impuestos y consumidores. Nuestra economía es dinámica y la presencia de inmigrantes aporta directamente al crecimiento y creación de nuevas plazas de empleo, que no existirían de si los inmigrantes no estuvieran aquí. Este no es un juego de suma cero.

 

        Los inmigrantes, incluso los indocumentados, pagan impuestos. El inmigrante promedio paga 1.800 dólares más en impuestos de lo que recibe en beneficios gubernamentales, lo que equivale a una contribución de impuestos en el transcurso de su vida de 80.000 dólares más de lo que junto a sus descendientes directos recibiría en beneficios. Se estima que sólo los inmigrantes indocumentados han contribuido cerca de 50.000 millones de dólares en impuestos federales entre 1996 y 2003. Las contribuciones tributarias de los inmigrantes financian servicios vitales para la clase media, como las escuelas públicas y el Seguro Social.

   

        Los inmigrantes son cruciales para la viabilidad a largo plazo del sistema de Seguro Social. Los inmigrantes son, en promedio, más jóvenes y tienden a tener más hijos que los estadounidenses que nacen en el país. En este sentido, la inmigración desacelera el declive en la proporción entre trabajadores y jubilados, lo que ayuda a robustecer los programas del seguro social.

 

        Dada la importancia de los inmigrantes en nuestra economía, una legislación que se limite a aplicar la ley actual perjudicaría a la clase media. Tratar de aplicar leyes inmigratorias fundamentalmente contraproducentes con la realidad económica nacional resultaría una tarea cara e irrealizable. Desde el inicio de los años noventa, el gasto en el control fronterizo se ha triplicado, y aun así el número de inmigrantes indocumentados se ha multiplicado también por tres. Debemos corregir las leyes inmigratorias primero, para luego trabajar en su implementación.

 

        No es la presencia misma de inmigrantes indocumentados lo que perjudica a la clase media, sino el hecho de que sean tan fácilmente explotados en el trabajo. La vulnerabilidad de los inmigrantes indocumentados en el trabajo presiona a que bajen los salarios y las condiciones laborales para todos los trabajadores, lo que hace mas difícil conseguir y mantener un nivel de vida de clase media. Muchos empleadores se aprovechan de la situación precaria de los inmigrantes para reducir costos salariales, beneficios laborales y el nivel de seguridad en el trabajo. Los empleadores están menos dispuestos a contratar estadounidenses de nacimiento si es que éstos demandan mejores sueldos y condiciones laborales. A los estadounidenses de nacimiento no les queda más alternativa que sujetarse a las mismas condiciones que los inmigrantes que viven bajo amenaza de deportación o ser excluidos de industrias enteras.

 

        El fortalecimiento de derechos laborales para trabajadores inmigrantes beneficiaría a todos los trabajadores. Una vez que los inmigrantes tengan el poder de ejercer sus derechos en el trabajo, los esfuerzos de los trabajadores indocumentados por mejorar sus propias condiciones laborales beneficiarán a todos los trabajadores, volviendo más atractivos a los trabajos. Esto resultaría en más trabajos que permitan solventar un nivel de vida de clase media.

 

        Legalizar a los inmigrantes indocumentados que se encuentran ahora en los EE.UU. maximizaría su contribución económica y evitaría la explotación que amenaza a la clase media. Es primordial que el proceso de legalización no resulte abrumador como para que a muchos inmigrantes les parezca imposible regularizar su situación y una masa significativa de trabajadores renuncie al intento.

 

        Un programa de trabajadores temporales para los futuros inmigrantes tampoco le interesa a la clase media porque formaliza el mercado laboral  de doble escalafón. Su naturaleza temporal hace que siempre los trabajadores temporales sean más vulnerables que los trabajadores titulares estadounidenses. Conceder permanencia indefinida a los trabajadores que nuestra economía requiere les daría seguridad y a su vez evitaría la explotación que debilita a la clase media.

 

        El congreso debe formular políticas migratorias que reconozcan la importante contribución de los inmigrantes a nuestra economía como trabajadores, contribuyentes de impuestos y consumidores, y que fortalezca los derechos de los inmigrantes en el trabajo. 


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